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Argentina en lo cotidiano (1830 - 1930)

"En la vasta diócesis que la divina providencia ha confiado a su piedad, se encuentra un número considerable de Vascos y Bearneses que la emigración ha conducido hasta allí. Son originarios de mi diócesis de Bayona, la lengua española les es extraña y no conocen otra que la de su país de origen, tememos mucho por ellos en lo que concierne su santidad y su salvación" (...).

Carta del obispo de Bayona, Monseñor Lacroix, al de Buenos Aires, Monseñor Escalada
20 de agosto de 1855, Archivos diocesanos de Bayona.


La instalación

A principios del siglo XIX, la acogida de los emigrantes apenas estaba organizada. Al término de la dictadura de Rosas en 1852, las leyes respaldan y reglamentan la emigración:

  • La Constitución argentina de 1853 establece la equidad de los derechos civiles entre ciudadanos argentinos y extranjeros.
  • La ley de 27 de septiembre de 1854, restaura la Comisión de inmigración que interviene en las discrepancias no sólo entre el emigrante y su agente de emigración, sino también entre el emigrante y el patrón. Tres años más tarde, el gobierno argentino construye en Buenos Aires un hotel destinado a los emigrantes. Así es como desde su llegada, cuentan con un techo y un cubierto hasta que encuentren un empleo.

  • La ley de emigración y de colonización de octubre de 1876, desarrolla un sistema piramidal de organización junto con el departamento de inmigración de Buenos Aires que supervisa las comisiones de inmigración repartidas por todo el país y de las que dependen las agencias de colocación. Éstas orientan a los emigrantes y pueden intervenir en la redacción y ejecución de contratos de colocación.
    Así mismo, la ley precisa las facilidades materiales de las que pueden disfrutar desde su llegada: alojamiento y comida gratuitos durante cinco días en los hoteles destinados a tal efecto, transporte hasta el lugar de trabajo…

De 1870 a 1930, Argentina acoge a cerca de seis millones de emigrantes que principalmente eran originarios de España e Italia.

En lo que concierne a los Vascos, éstos tienen la suerte de contar con una red de relaciones en Argentina. Los hoteles Vascos juegan un papel muy importante: acogen a los recién llegados y les buscan una situación.

Los trinquetes son también puntos de encuentro para los que desembarcan en Buenos Aires. Finalmente, en las pulperías (tiendas de alimentación-bares en el campo) a las que a menudo se encuentran adosados los frontones, son los únicos lugares en donde se charla, se hacen las compras y hay distracción en varios kilómetros a la redonda.

Los oficios

¿Qué tipo de trabajo ejercían los Vascos a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX?

Fotografía: Kepa Etchandy

La ganadería y productos derivados.
Hasta 1870, los Vascos trabajan como pastores. En cuanto han ahorrado un poco, se compran algunas cabezas de ganado y hacen prosperar el rebaño. Los Vascos se forjan una buena reputación gracias a los productos derivados del ganado: esquilado manual del ganado ovino para vender la lana, comercio del cuero y de las pieles del ganado.

Principios del siglo XX, colección particular

Otros se especializan en el oficio de lecheros. Instalados en grandes haciendas de 2.000 a 3.000 hectáreas, explotaciones agrícolas especializadas en ganadería vacuna productora de leche, ubicadas en los alrededores de Buenos Aires, allí crían vacas y corderos. Cada mañana van a vender a la ciudad leche, mantequilla y quesos.

Principios del siglo XX, colección particular

Numerosos son los Vascos que trabajan en los saladeros cerca de Buenos Aires, en donde matan y despiezan bueyes para salarlos antes de exportarlos. La industria de los saladeros en Argentina como en Uruguay se encuentra casi exclusivamente entre sus manos. Es un Vasco, llamado Sansinena el que en 1882 pone fin a esta industria sustituyendo la carne salada por la congelada. Así es como también encontramos Vascos poceros, alambreros que trabajan en las operaciones de limpieza de la pampa y de cercado de los prados.

La trilla, Argentina, principios del siglo XX, colección particular

La agricultura
Los Vascos y los Bearneses cultivan fruta y verduras en los alrededores de las ciudades, y cereales en el norte del país. Ganaderos (suroeste) y cultivadores (norte) se benefician de las concesiones de tierra otorgadas por el gobierno.

Los oficios de la construcción
En la ciudad aumenta la necesidad urgente de alojamiento, (debido a la rapidez del crecimiento demográfico), y se contrata a albañiles, carpinteros y obreros especializados en los oficios de la construcción. Los Vascos dominan la industria de la fabricación de ladrillos.

El comercio y la restauración
Además de la artesanía y la construcción, los Vascos trabajan también en el comercio y en la restauración. Están presentes en el sector de la alimentación, (lecheros, queseros, carniceros, panaderos, charcuteros), en oficios que están en vías de desaparición, (zapateros, hojalateros) y las mujeres en la rama de la limpieza, el cuidado de la ropa, (sirvientas, lavanderas, planchadoras…). Los Vascos venden las alpargatas producidas en Zuberoa. Finalmente los estibadores del puerto de Buenos Aires son en general originarios de Lapurdi o de Gipuzkoa.

La comunidad vasca

En cuanto comienza a implantarse económicamente, la comunidad vasca también se organiza en las áreas social, educativa y cultural. En algunas ocasiones es ayudada en esta labor por la iglesia que encuentra así el modo de incrementar el número de sus fieles.

Boda, Argentina, principios del siglo XX, colección particular

El papel de la Iglesia

En 1857, cuatro religiosos del monasterio de Bétharram (Béarn), desembarcan en Buenos Aires. El obispo de esa diócesis les confía la administración de la iglesia de San Juan (rápidamente pasó a llamarse “la iglesia de los Vascos”), allí se celebra la misa en euskera.

A los padres Betharramistas se les llama "padres bayoneses".

El 19 de marzo de 1858, el padre betharramista Barbé, abre en Buenos Aires el colegio San José en el que acoge a cuatro niños. El colegio se ubica cerca del barrio Once, sede de los lecheros Vascos de Flores, y tiene por finalidad el facilitar la escolarización de sus hijos. El deseo de fundar una escuela dedicada exclusivamente a la comunidad vasca, no se realiza, ya que diez años más tarde, los niños de origen vasco son minoritarios en el establecimiento docente. Actualmente se le sigue llamando "El colegio de los Vascos".

Otro padre betharramista, François Laphitz, será uno de los iniciadores de la Euskal etxea de Buenos Aires con la ayuda del mecenas suletino Martin Errecaborde.

Los centros vascos

Colección del Museo Vasco y de Historia de Bayona (Francia)

El primer centro Vasco-Argentino, llamado Laurak bat, (“cuatro que hacen una”, en referencia a las cuatro provincias vascas de España), nace en Buenos Aires en 1877, un año después del de Uruguay. Es el fruto de la obra de unos refugiados carlistas (partidarios de Don Carlos: guerra civil que padeció España en el siglo XIX).

En 1895, veintinueve Vascos, originarios de las tres provincias vascas de Francia, crean el centro Vasco-Francés.

El centro Navarro data del mismo año. Estos centros Vascos de Buenos Aires cuyo primer objetivo es la ayuda mutua y a los emigrantes, poseen también sus publicaciones en las que el euskera está presente.

Plano de Euskal Echea de Buenos Aires, col. part.

Laurak bat edita de 1878 a 1891 un periódico bajo el mismo nombre (en él aparecen, entre otros poemas, cantos de Iparraguirre), más adelante, en 1893 publica el semanal La Vasconia. El centro vasco-francés crea, en 1898, Euskal Herria, diario de los vasco-franceses de Río de La Plata, y también Haritza (1898-1912).

Euskal Echea de Lavallol, primera mitad del siglo XX, colección del Museo Vasco y de Historia de Bayona (francia)

En 1905, los miembros de los tres centros crean la Euskal Etxea (casa vasca) en Lavallol (a 25 kilómetros de Buenos Aires), institución educativa, social y cultural.

El objetivo primordial de la Euskal Etxea es proponer servicios a la comunidad vasca en su conjunto, y concretamente en el área de la educación escolar y en todo lo relativo a la vejez.

 La literatura de ultramar

Entre 1893 y 1913, se cuentan en total diez periódicos Vascos en Argentina. Es en 1910 cuando aparece “La emigración vasca” de Pierre Lhande, obra que fue reeditada varias veces. La emigración vasca en Argentina, también va acompañada por una literatura que es esencialmente cantada. En 1900 se crea la primera ópera vasca Artzai Mutilla (libreto de Pedro Mari Otaño, y música de Félix San Pelayo). Se estrena en Buenos Aires en el teatro Colón en 1927.

Entre los poetas más notables cabe citar a José Mendiague (1845 - Hasparren Lapurdi – 1937, Montevideo Uruguay) que vivió en Argentina. Compuso unas cuarenta canciones que datan de antes de 1910. En ellas evoca su difícil situación de emigrado, la defensa de la cultura vasca y comenta los eventos políticos. También elogia  a los poetas emigrados como Iparraguirre, Otxalde y Otaño.

La Argentina de los vascos en bertsos

José María Iparragirre | 1820, Urretxu - 1881, Itsaso. |

"En todos los países hay buena gente,
pero el corazón te dice: vuelve al País Vasco"

Cantante y poeta vasco, de Gipuzkoa.
Autor del célebre himno Gernikako arbola – El árbol de Gernika.
En 1885 se exila en América y contrae matrimonio en Buenos Aires
con una guipuzcoana. Regresa a su país en 1878.

Bertso creado en 2004 por Pierra Lako

"Gracias a esta exposición podremos comprender
Por qué, tiempo atrás, tantos Vascos salieron de su país,
Las familias numerosas y los caseríos pequeños vivían con dificultades
Sin duda alguna, se ilusionaron con las grandes extensiones de Argentina
Hoy, sus descendientes buscan sus raíces".

Pierra Lako, miembro fundador de la asociación Euskal Argentina.