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2008-12-18 12:31
Azken aldaketak: 2008-12-18 15:20
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Amaia Donés

Amaia Donés: "Mi mayor satisfacción es que disfruto con lo que hago"

Amaia Donés participa en diferentes proyectos solidarios como voluntaria y se siente muy contenta ya que aprende, crece y disfruta con este tipo de actividades.

Cuéntanos en qué proyectos solidarios estás involucrada y por qué.
Desde siempre he participado en diferentes proyectos solidarios como voluntaria: de monitora con los niños bielorrusos afectados por la catástrofe nuclear de Chernóbyl, dando clases en la Asociación Afroamericana de Vitoria...Ahora mismo, doy clases de español una vez a la semana a un grupo de mujeres inmigrantes que proviene de diferentes países. Además, colaboro una vez al mes en el Teléfono del Amigo de Álava. Cuando tengo tiempo, me gusta dedicarlo a los demás. Es algo con lo que aprendo, crezco y disfruto, y para mí, eso es suficiente. 

¿Por qué crees que es necesario que la juventud se implique en este tipo de actos de carácter solidario?
Para mí es cuestión de valores. Hoy en día está muy generalizado hacer algo a cambio de dinero. Entre los jóvenes, sobre todo con los primeros trabajos de verano, es muy típica la pregunta “¿Cuánto cobras?”, u ofrecer un trabajo a un amigo y en seguida decir lo que se cobra por hora. Parece que si no, no se acepta la propuesta. Muchas veces, preferimos trabajar en algo aburrido, que no nos gusta a cambio de dinero, antes que hacer de manera voluntaria otra actividad que nos va a llenar muchísimo más. Además, al elegir tú la actividad que quieres hacer, la eliges porque te gusta, porque te interesa. Eso te ayuda a ampliar tus conocimientos, a aprender más… mientras que un trabajo monótono y mal pagado sólo te traerá frustraciones. 

¿Crees que somos cada vez más egoístas o por el  contrario crees que hay una gran conciencia social sobre estos problemas?
Tampoco creo que sea cuestión de ser más egoístas o no. Yo tampoco lo veo así. Lo que pasa es que muchas veces vemos esta manera de invertir nuestro tiempo como algo secundario, lo dejamos para cuando tengamos más tiempo. Pero no creo que sea cuestión de egoísmo, no creo que pensemos “no lo haré, porque es para otros”.

En tus clases de castellano con mujeres inmigrantes, ¿qué aprenden ellas y qué aprendes tú de ellas?
Ellas, además de aprender castellano, también conocen a gente nueva, hacen nuevas amigas, ya que muchas veces aquí sólo vienen con su familia. Yo, sobre todo he aprendido a comunicarme con gente muy diferente a mí. A bromear con gente que tiene otra cultura diferente, porque al fin y al cabo, hay valores que son universales. La verdad es que me lo paso muy bien. Y he visto que la comunicación con gente de otras costumbres es muy posible, siempre y cuando se quiera. En el grupo hay mujeres muy jóvenes, de en torno a los veinte, hasta más mayores (cuarenta o cincuenta años). Además, vienen de países muy diferentes: Marruecos, Sahara, Camerún… Con las más jóvenes, las que se aproximan más a mi edad, he visto cómo hay gente que plantea su futuro de una manera diferente. Sus ambiciones son diferentes y su planteamiento del futuro también, pero yo no las he visto frustradas por ello. 

Cuéntanos tu experiencia en el programa de acogida de niños afectados por la catástrofe nuclear de Chernóbyl.
Durante dos veranos estuve como monitora de un grupo de niños bielorrusos. He de decir que a mí me gusta mucho realizar actividades con niños. Yo todavía estaba en la Ikastola cuando lo hice, y era muy joven. Al ver los problemas de esos niños se me abrieron los ojos de golpe. Lo cómoda y fácil que había sido mi vida comparada a la de ellos. Me ayudó a apreciar las comodidades que me habían rodeado desde pequeña. 

¿Cuáles son las satisfacciones qué tienes y cuáles son las satisfacciones de la gente que recibe esta ayuda?
Mi mayor satisfacción es que disfruto con lo que hago. Aprendo, me involucro y abro los ojos a un mundo diferente al mío. Es con lo que más disfruto, y al fin y al cabo, no quita necesariamente tanto tiempo como el que se piensa. Claro que, yo soy un poco culo inquieto, y el sofá no me gusta mucho, por lo que me apunto a un bombardeo en seguida, no tengo ningún problema, vaya. 

¿Qué es lo más duro?
¿Lo más duro? Para mí es olvidarme de todos los tópicos que se tiene hacia un grupo concreto de personas. Bien por que sean niños que tienen una infancia diferente a la que yo he tenido, porque sean mujeres de otras culturas, porque padezcan alguna enfermedad que les limite su vida diaria… No me siento cómoda evitando temas que surgen al hablar, pero tampoco me siento cómoda demostrando todo lo que yo puedo conseguir mucho más fácilmente que ellos. 

¿Crees que se valora la labor del voluntario?
Yo creo que sí. Una cosa es que no se tenga tiempo para hacerlo. Pero yo creo que la sociedad en general admira que otros (la mayoría de las veces son otros) sean voluntarios en cualquier tipo de actividad. A mí me parece muy curiosa una cosa: a la gente le gusta viajar. Pero, ¿qué mejor manera de viajar que integrándote en una cultura, en una sociedad y aprendiendo de ellos? El voluntariado te puede dar este tipo de cosas, pero a veces preferimos pagar para poder “relajarnos”. 

¿Podrías lanzar un mensaje a toda la juventud para animarles a participar en este tipo de programas que buscan el bien del conjunto de la sociedad?
Claro, sí hay algo que le interesa a cada uno de nosotros, hay que ir a por ello. Una vez de que te pica la curiosidad vas descubriendo más y más, aprendiendo más y más, y disfrutando más y más. Además, a mí me ayuda a conocer mis límites, mis intereses, y en general, a ser una persona más abierta y más tolerante. Y el dinero no es tan necesario… ya he dicho antes, como voluntario también se puede viajar y pasártelo bien!


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