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2008-12-30 18:05
Dernière modification: 2009-01-19 08:51
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Cristina Montejo durante su estancia en Ecuador

Cristina Montejo: "Lo que van a recibir es mucho más que lo que van a dar"

Cristina Montejo es una joven vitoriana recién licenciada en Pedagogía que acaba de regresar de Ecuador, donde inmersa en una comunidad indígena ha apoyado el sistema de Educación Intercultural Bilingüe.

¿Por qué te decidiste a viajar a Ecuador?
Bueno, en realidad me daba igual a que país viajar. Esta oportunidad se me dio mediante la universidad. Yo soy Licenciada en Pedagogía y sabía que quería hacer las practicas en un proyecto de cooperación al desarrollo, estudié los diferentes proyectos de unas cuantas ONGDs y finalmente me decidí por Ecuador y su proyecto de apoyo a la Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Desde la primera vez que oí hablar de este proyecto supe que yo quería ir allá.

Este proyecto trabaja con comunidades indígenas de la amazonía ecuatoriana, Los indígenas tienen su propia lengua, cultura y cosmovisión del mundo. El sistema educativo ecuatoriano no responde a las necesidades de los indígenas y por eso tienen un sistema educativo paralelo llamado Educación Intercultural Bilingüe, en el que yo he trabajado durante 3 meses.

¿Cuál era tu misión allí?
Allá mi misión y la de otros muchos compañeros que vinieron conmigo era la de apoyar a la EIB. Yo estuve en el Instituto Pedagógico de Canelos junto con otros dos compañeros educadores sociales y estuvimos dando cursos de sexualidad, hicimos dos campamentos vacacionales y preparamos algunas charlas con el profesorado.


¿Dónde estabas exactamente?
Bueno si vamos de más general a más concreto, estaba en el Ecuador, en la zona amazónica del oriente, en la provincia de Pastaza, en la comunidad indígena de Canelos (a una hora y media en autobús del Puyo, capital de la provincia de Pastaza).

Pero este proyecto no sólo trabaja con esta comunidad sino que también trabaja con el Puyo,  II Jinti, Siwakocha, Cuevas de Tayu, Amazanga y Allisungo. Todas situadas en la provincia de Pastaza.


¿Qué ha sido lo que más te ha gustado?
Creo que ha sido un acierto absoluto el hecho de que nos alojásemos con familias residentes en la comunidad indígena. Este hecho facilita mucho la relación con el resto de la comunidad, en el colegio y en todos los aspectos.

Al principio es todo muy raro, no conoces nada de las personas con las que estás viviendo y piensas que quizá sería mejor si pagases una habitación arrendada, pero poco a poco te vas dando cuenta de todas las oportunidades que te da la familia, y caes en la cuenta de que es lo mejor de la experiencia. En mi familia hay 5 niñas de entre 4 y 13 años y luego están los padres. Todos ellos me han abierto las puertas de su casa desde el primer día, gracias a ellos he probado la fruta del cacao (que nada tiene que ver con el chocolate o con el cola cao), he probado el maito de pescado y de pollo (el maito es una forma de asar la carne o el pescado mediante  unas hojas de panka), he probado los ukuis (hormigas voladoras, que salen una noche al año y que comen fritas), he aprendido a pescar con barbasco (una raíz de árbol que al contacto con el agua atonta a los peces y hace que sea más fácil pescar con las manos) he aprendido que sin comprar nada, se puede subsistir. Mis compañeros y yo solíamos bromear cantando la canción del libro de la selva “Mama naturaleza te lo da”.


¿Lo que menos te ha gustado de la experiencia?
En las comunidades hay  muchos problemas sociales, hay muchas jóvenes embarazadas, muchas madres solteras, existen casos de alcoholismo, de maltrato a las mujeres… Las mujeres en el Ecuador son muy discriminadas y en las comunidades indígenas también. Yo pienso, y comparto este pensamiento con muchos de mis compañeros, que las comunidades y Ecuador en general se parece mucho a lo que era España hace 60 años. Lo alentador de este pensamiento es que dentro de no mucho, las cosas van a cambiar a mejor.


¿Qué has aprendido en tu estancia allí?
Bueno, lo que ya he comentado, he aprendido a vivir de la selva y de la pachamama (que es el díos de la tierra para los indígenas) he aprendido mucha mitología indígena, a lavar la ropa en el río, algunas palabras en Kichua (idioma indígena de la comunidad de Canelos), a matar mosquitos y zancudos con las manos, he aprendido ha hacer pan, a andar por un río con corriente, a hacer pulseras, a hacer pilches (unos cuencos con los que se bebe la wayusa, una infusión que sirve para recordar los sueños)… y un millón de pequeñas y grandes cosas que espero que me sirvan para el resto de mi vida.

Sobre todo he aprendido a vivir sin movil, sin estreses, con mucha tranquilidad, mucha paz y me he reencontrado con las cosas verdaderamente importantes de la vida.

¿Cómo te sentías allí?
La primera semana, muy descontextualizada, pero después de unos días de adaptación siempre me he sentido como en casa, como si habría vivido allá toda mi vida, con mi familia, con la comunidad,  con el instituto, con mis compañeros…


¿Ha sido difícil la vuelta?
Mucho. Hay una cosa muy curiosa que me ocurrió, al llegar nosotros había dos chicas que habían estado tres meses en Canelos y regresaban de vuelta al País Vasco. Los fines de semana cuando nosotros salíamos a la ciudad, hablábamos con ellas por Internet y nos comentaban que les estaba costando todo y nosotros comentábamos, cómo es posible que les cueste si a lo “bueno” uno se acostumbra muy fácilmente.

Con lo que nosotros aún no contábamos era que igual lo “bueno” no es lo más cómodo, lo más fácil, el dinero, los centros comerciales, la cama con colchón, los cafés de media tarde, el cine…

Lo bueno de verdad, es salir a la mañana a coger una piña de la chacra (una especie de huerta) para hacer el jugo del desayuno, o ir al río Bobonaza a pescar los carachazas para la cena.


¿Qué es lo que más hechas de menos?
La paz de la selva, la tranquilidad con la que se vive, la amabilidad de la gente. Es una tontería pero hecho de menos cruzarme con cualquier persona, sea conocida o no y decirle Ali puncha (Buenos días en kichua) o Ali tuta (Buenos días en kichua).

¿Tienes intención de volver?
Por supuesto, tengo una especie de obsesión con eso. En mi familia, la niña más pequeña tiene 4 años y siempre que está jugando se cae, se hace daño, le pega alguna otra niña… el caso es que todos los días de los 3 meses que yo estuve allá lloró. Tengo muchísimas ganas de conocerla de mayor, no me la imagino de señorita. Así que tendré que ir a verla, porque de verdad que no alcanzo a imaginar como va a crecer ni ella ni ninguna de sus hermanas.

¿Qué mensaje mandarías a todos los indecisos que tienen miedo a viajar a Ecuador como voluntarios?
Bueno, yo les digo a todos los que quieran ir a cualquier sitio con un proyecto de cooperación  al desarrollo, que no tengan ningún miedo. Que tres meses se pasan volando y que si se pueden ir 6 meses que lo hagan, porque no se van a arrepentir. También les diría que vayan tranquilos, que no crean que van a cambiar el mundo, porque va a ser el entorno el que les cambie a ellos y sobre todo que no piensen que van a trabajar a cambio de nada, por que lo que van a recibir va a ser mucho más que lo que van a dar.

Una vez conocida la realidad ¿intentas sensibilizar a la gente sobre la importancia del apoyo a la EIB, en las comunidades indígenas del Ecuador?
Procuro animar a gente de la universidad para que hagan las practicas allá, porque la verdad es que hace falta mucho apoyo y nosotros somos uno más, que no el único. Además me gusta que la gente sepa que en el Ecuador hay indígenas, que luchan porque el pulmón del mundo, el Amazonas, siga intacto, que luchan contra las petroleras, las madereras…


¿De dónde te viene esta vena solidaria?
Bueno ante todo me gustaría resaltar cual es la diferencia entre solidaridad y cooperación. Yo he ido a Ecuador como cooperante no como misionera. La solidaridad siempre tiene más que ver con hacer algo por los demás, sin embargo la cooperación se trata de trabajar en conjunto con un grupo de personas para que las dos partes saquen algo a cambio.

Desde muy pequeña mi familia ha acogido a niñas saharauis en verano, gracias a esto he estado en Sahara dos veces. La verdad es que tengo un lazo emocional muy importante con el pueblo Saharaui. Creo que a raíz de viajar a Sahara y ver todas las cosas que se pueden hacer por ahí, decidí ir a Ecuador con un proyecto en el que poder colaborar y aportar mi granito de arena.


¿Qué te parecen las iniciativas como la de Elkartearekin Hobetuz?
Siempre esta bien tener una plataforma en la que se una gente para realizar cualquier trabajo. Hay mucha gente que quiere ayudar de alguna forma pero no sabe muy bien cómo hacerlo, iniciativas de este tipo agrupan a la gente, favorecen el que se conozcan y que se puedan montar diferentes proyectos en los que participar.

 


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