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Rocío Luces, bertsolari uruguaya: 'el bertso y el euskera han sido ventanas a mundos nuevos para mí'

17/02/2009

El último número de la revista Bertsolari, una publicación en euskera dedicada al mundo del bertsolarismo, incluye entre sus contenidos un artículo dedicado a jóvenes que llegadas desde el extranjero han descubierto la magia de las rimas en Euskal Herria. La bosnia Dzenana Usanovich, las saharauis Elyem y Nemma Chej o la vasco-uruguaya Rocío Luces son algunas de ellas. A continuación traducimos y resumimos la entrevista a Rocío, cuya experiencia es común e inspiradora para muchos vascos de la Diáspora.

Algorta, Bizkaia. La montevideana Rocío Luces vive en Algorta y asegura que siempre procura hablar euskera, 'porque así la gente no sabe que soy de fuera. Si hablo español en cambio, en seguida empiezan las preguntas, que si soy latinoamericana, que si de dónde soy...'. Nacida en Montevideo, recuerda con claridad las visitas a la Euskal Etxea. Sus abuelos maternos eran euskaldunes y para ellos ir los domingos al centro vasco era tan natural como para otros las comidas familiares. 

Comenzó aprendiendo euskal dantza y con 14 años se animó con el euskera, primero en el centro vasco, en Montevideo, y después en Argentina, donde pasó dos meses. Siguió así hasta los 19, cuando por primera vez oyó hablar del bertsolarismo. 'Teníamos un profesor de Irun, y como eran de su pueblo, nos trajo un cassette de Negu Gorriak, donde sonaba la canción Bertso-Hop, con los famosos bertsos de Egaña y Peñagarikano, y me llamó mucho la atención', explica.

Rocío relacionaba a los bertsolaris con los payadores de América y quedó sorprendida al comprobar, frente al ruralismo de lo payadores, lo modernos y 'callejeros' que eran los bertsolaris. 'Además, como era la más joven de la clase el profesor me regaló el cassette y me aprendí las canciones de memoria'.

Desde cero

Cuando llegó por primera vez a Euskal Herria, en 1997, ya estaba tras la pista del bertsolarismo. 'Siempre me ha parecido mágico', reconoce, 'admiro mucho la improvisación'. Cuando estudiaba euskera en el barnetegi de Lazkao vió por primera vez a unos bertsolaris y en Anoeta asistió a su primera sesión de bertsos. 'Al principio me costaba entender todo', recuerda, 'estuve todo el tiempo preguntando al de al lado'.

Hace seis años se instaló defininitivamente en Euskal Herria y desde entonces acude siempre que puede a sesiones de bertsos. Un día, en Algorta, vió un cartel que decía 'Bertsolaritza 0-tik hasita' (Bertsolaritza desde cero) y se apuntó sin dudarlo. Con Josu Landeta como profesor, participó en varios cursos de dos meses, hasta que el año pasado decidió apuntarse a la Bertso Eskola. '

Al preguntarle de dónde es, Rocío responde con naturalidad que se siente de ambos lados: de aquí y de allá. 'Cuando estoy aquí más vasca, y cuando estoy allá más uruguaya'. Asegura que internet facilita las cosas hoy en día y que por ello, auqneu siempre tiene en mente su patria, vive sin morriña en Euskal Herria. Se despide diciendo que para ella el euskera ha sido una ventana a nuevos mundos. Y a lo lejos, saludando con el brazo añade: '¡Y el euskera también!

[Publicado en euskera en la revista Bertsolari, un artículo de Josu Martínez. El original, aquí.]
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