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México, Lagun Onari: reflexiones de Iñaki Azua, vasco mexicano y cónsul honorario de México en el País Vasco

26/10/2009

El Gobierno Vasco hizo entrega ayer de su galardón 'Lagun Onari' (Al buen amigo) a los Estados Unidos Mexicanos. Al hilo de la concesión y entrega de este reconocimiento, el cónsul honorario de México en el País Vasco, Iñaki Azua, escribe este artículo, en el que reflexiona y comenta esa parte de la historia vasca y mexicana en la que México demostró la solidaridad que viene a reconocer el premio, historia que Azua conoce con particular detalle, al haberla vivido familiar y personalmente.

Iñaki Azua Mendia, Bilbao. El Gobierno vasco ha aprobado conceder a México el premio 'Lagun Onari' en reconocimiento a la solidaridad y el importante papel histórico de México como país de acogida de refugiados vascos durante el franquismo. Es de agradecer que el Gobierno vasco haga esta distinción y este reconocimiento porque permite dar a conocer el extraordinario papel que jugó México a favor de los refugiados vascos y contra la dictadura franquista y permite también, y ya que es el Gobierno vasco quien lo otorga, dar a conocer el papel protagonista que jugó el Gobierno vasco en el exilio en México y cómo no, el papel que muchos vascos y vascas anónimos jugaron en este período en favor de sus compatriotas exiliados, en contra de la dictadura y a favor de Euskadi. En lo personal --nací en México en el seno de una familia exiliada y viví ahí hasta que terminó la dictadura--, este premio tiene una especial significación porque he conocido y agradecido desde pequeño el papel que México jugó en este negro período de nuestra historia, porque he conocido a muchos de los vascos que de manera desinteresada ayudaron a los vascos que llegaban exiliados a México y porque conozco en primera persona el papel que el Gobierno vasco en el exilio en México, y muchos vascos de ese país, individualmente o a través de instituciones como el Centro Vasco, desempeñaron en favor de los refugiados, en contra de la dictadura, a favor de Euskadi, ayudando a la Resistencia Vasca en el interior y en el exterior, y contribuyendo activamente en el mantenimiento del Gobierno vasco en París.

2009 Lagun Onari

[El Lehendakari Patxi Lopez rodeado ayer de las personas y colectivos reconocidos con los premios 'Lagun Onari' y 'Lan Onari' 2009: Lagun Onari, la República Mexicana (el embajador es el cuarto por la izquierda, junto a Patxi López); Lan Onari, el Presidente de MCC, José María Aldekoa, el político Juan Mari Bandrés, el periodista Iñaki Gabilondo y la deportista Edurne Pasaban (foto Jon Bernárdez)]

El papel de México como país de acogida de refugiados vascos durante toda la dictadura franquista fue especialmente importante no sólo por la atención y acogida a los miles que desde 1937 y hasta mediados de los años 50 se exiliaron en México, sino también por su firme apoyo y reconocimiento a la República y a los Gobiernos vasco y catalán en el exilio y su firme oposición al Gobierno franquista. No sabemos con exactitud cuántos refugiados vascos encontraron en México su país de acogida. Los historiadores cifran el exilio republicano en México en más de 25.000 personas y, de ellas, se calcula que no menos de 3.000 fueron vascos. La solidaridad del México del presidente Lázaro Cárdenas con la República española, dio lugar a que desde junio de 1937 llegaran oficialmente a México, a bordo del vapor Mexique, los primeros refugiados republicanos que más tarde serían conocidos como Los Niños del Morelia. Entre ellos, había niños vascos procedentes principalmente de la evacuación de Gipuzkoa.

Año 1939. El mayor grupo de refugiados llegaría el 13 de junio de 1939 a bordo del Sinaia en el que viajaron a México más de 1.600 refugiados entre los que la presencia vasca fue muy numerosa. Aunque la historiografía ha tomado ésta como la fecha de inicio del movimiento migratorio republicano a México, y como final la del 17 de octubre de 1942 con el arribo del Niassa, se han constatado otras muchas viajes, a veces masivos, otros individualizados, que precedieron al Sinaia y rebasaron al Niassa y que pueden alargarse hasta los años 50. Un ejemplo de ello es la llegada a finales de 1941 del barco Alsina, en cuyos camarotes viajaron refugiados vascos, catalanes y españoles, republicanos todos, con destino a Cuba, México, Venezuela y Argentina. De entre los vascos que se quedaron en México, estaba Telesforo Monzón, que fue miembro del primer Gobierno vasco y posteriormente delegado del Gobierno vasco en México. No quiero dejar de mencionar entre todo este contingente de refugiados que también en 1937 llegó a México el equipo de fútbol Euskadi, denominado oficialmente Selección Nacional Vasca, y que fue un importante altavoz para dar a conocer al mundo la existencia de una dictadura en España y sus consecuencias en Euskadi.

En México, el Gobierno vasco en el exilio fue quien coordinó y asumió la responsabilidad en la inmensa mayor parte de los procesos de acogida e integración de los refugiados vascos en este país y lo hizo en un primer momento con el inestimable apoyo del Centro Vasco que era y es una asociación civil con una larga tradición y prestigio en México y que se había posicionado abiertamente en contra del régimen franquista. Así, el Centro Vasco y sus socios fueron el mejor punto de referencia y acogida para una gran mayoría de vascos que llegaron en tanto solucionaban su situación laboral. En coordinación con el Gobierno vasco en el exilio, el Centro Vasco diseñó un plan de trabajo que incluía dos comisiones: una para captar fondos para los refugiados y otra para coordinar todas las gestiones relacionadas con las nuevas expediciones que llegaban a México. Fruto de este compromiso, muchos vascos residentes en México, socios y amigos del Centro Vasco, dieron empleo y estabilidad a buena parte de sus compatriotas a través de una amplia red de empresas que durante muchos años se nutrieron de refugiados vascos en México.

Hay que agradecer sin reservas lo que México hizo por los refugiados vascos y hay que agradecer igualmente su firme defensa de la democracia y de la República española, y su oposición al Régimen franquista. Quiero señalar a modo de ejemplo algunos hechos en los que el papel de México fue especialmente relevante.

En 1940, tras la muerte de Manuel Azaña, el lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio Aguirre, acordó junto con el presidente de la Generalitat, Josep Irla, de Esquerra Republicana, la necesidad de elegir un nuevo presidente de la República a fin de mantener las instituciones y la legitimidad democrática de éstas. Y fruto de ese acuerdo, y con el apoyo incondicional del Gobierno de México, en agosto de 1945, Diego Martínez Barrios fue nombrado presidente de la República. El Gobierno mexicano trabajó siempre en el empeño de impedir la legitimación del régimen franquista en el concierto internacional. Esto fue posible hasta el año 1955, año en el que España es admitida en las Naciones Unidas por su posición estratégica en la guerra fría. En esa decisión sólo dos países mantuvieron firme su postura anti-franquista: México y Bélgica.

Repulsa a Franco. México también trabajó con firmeza y en total colaboración con el Gobierno vasco en México para asegurar un posicionamiento internacional en contra del Proceso de Burgos, y, años más tarde, apoyando y forzando una repulsa internacional del Gobierno de Franco por los últimos fusilamientos ordenados por éste en el año 1975. Asimismo, mantuvo la ruptura de las relaciones diplomáticas con España hasta que, llegada la democracia, se dieron las condiciones para su restablecimiento. Y el Gobierno vasco trabajó estrechamente con el de México para asegurar este proceso.

Conviene tener presente que México fue un país solidario y amigo que permitió a todos los refugiados vascos iniciar una nueva vida en México y permitió que lo hicieran manteniendo su cultura, su lengua, sus tradiciones, y desarrollando, individual o colectivamente, una intensa actividad política en defensa de sus derechos y en contra de una dictadura. Dado que es el Gobierno vasco el que ha aprobado dar este premio Lagun Onari a México, conviene recordar al tiempo el papel que jugó el Gobierno vasco en el exilio a favor de los refugiados vascos, en contra el régimen franquista y por Euskadi.

El Gobierno vasco contó con una Delegación en México desde el año 1937 hasta el año 1977, cuando finalizada la dictadura, mi aita, Alberto Azua, como último delegado del Gobierno vasco, da por concluida la labor de ésta. El Gobierno vasco en México participó activamente, junto con el Gobierno de México y el de la República, en todas y cada una de las actuaciones políticas por las que hoy se reconoce y distingue a México, y lo hizo junto con muchos vascos y vascas comprometidos con la causa que dieron cuanto tenían, y a veces hasta lo que no tenían, para ayudar a sus compatriotas exiliados en México, a los presos vascos en las cárceles franquistas, y al propio Gobierno vasco en París. Y conviene recordar que esa labor fue realizada no por todos los vascos residentes en México --incluso hubo quienes se opusieron formalmente a la llegada de más refugiados republicanos vascos y españoles-- sino casi exclusivamente por vascos comprometidos con una Euskadi libre y en paz. Esta parte de la Historia también podría y debería ser reconocida y distinguida.

Finalmente, quiero transmitirles una última idea: mi deseo de que nunca más, ni México ni ningún otro país tenga que recoger un premio por acoger a refugiados. Será la mejor muestra de la ausencia de guerras y conflictos en el mundo.

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