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2008-07-15 13:35

Ver lo que se quiere ver

Toda revolución comienza en la mente de las personas. O en el corazón. Revolucionario es aquel que se niega a aceptar, sin más, la idea común, aquel que reflexiona sobre lo que ve y trata de superar "las verdades aceptadas" criticándolas y enfrentándolas a la realidad.

Una de las revoluciones más prometedora de la historia de la humanidad puede ser la equiparación de  los derechos de hombres y mujeres. Pero necesitamos de revolucionarios capaces de pensar diferente. Es una ardua tarea: la historia, la cultura mayoritaria y las costumbres se oponen a la igualdad. Hay precedentes ilustres que avalan nuestros temores de cambio en las mentes conservadoras e instaladas en el "pensamiento único" sobre el sexo femenino.     

Fray Benito Jerónimo de Feijoo (1676 – 1764). Benedictino. Publicó una obra titulada "Teatro Crítico Universal", en la que dice: "En grave empeño me pongo. No es ya sólo un vulgo ignorante con quien entro en contienda: defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a todos los hombres, pues raro hay que no se interese en la prevalencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha extendido la opinión común de vilipendio de las mujeres que apenas admite en ellas cosa buena.

"En lo moral las llene de defectos, y en lo físico de imperfecciones, pero donde más fuerza hace es en la limitación de su entendimiento …", más adelante añade: "Aquellos que ponen tan abajo el entendimiento de las mujeres que casi le dejan en puro instinto, son indignos de admitirse en la disputa. Tales son los que asienten que a lo más que pueden subir la capacidad de una mujer es a gobernar un gallinero. Tal aquel prelado, en su carta "Guía de Casados" decía que la mujer que más sabe ordenar es un arca de ropa blanca. Sean respetables por otros títulos los que profieren semejantes sentencias, no lo serán por estos dichos, pues la mejor benigna interpretación que admiten es la de recibirse como hipérboles chistosas".

Estas opiniones generaron tan furibunda respuesta en algunos prelados que escribieron, entre otras lindezas, lo siguiente: "Declaramos al hombre superior por cabeza y superior en todo a la mujer, y mandamos a todas las casadas que presten y den obediencia debida a sus maridos y ciegamente los obedezcan en todo menos en materia de fe, no disputándoles la superioridad".

Si tenemos en cuenta que los intelectuales y los estudiosos de la época eran los eclesiásticos podemos deducir que el "pensamiento único" de aquellos tiempos estaba pretendiendo y orientando al vulgo hacia el desprecio y la dominación de la mujer por parte del varón. ¿Cuál es la orientación ortodoxa actual del pensamiento?¿Donde residen las "razones" de esta tendencia antifeminista?¿Donde están los revolucionarios?¿Qué dice y hace la cooperación en este asunto?    

La escuela cooperativa

Acudí a una exposición al mismo tiempo que los niños de una ikastola tutelados por su andereño. Es un museo de pueblo, sencillo y didáctico, que permite el diálogo entre la exposición y los visitantes. Los niños, atropelladamente se sentaron en el suelo ante un panel iluminado donde podían seguir la evolución del género humano en el mundo.

Unos, los más fuertes, se apoderaron de la primera línea, los demás fueron colocándose detrás como pudieron. La andereño les preguntó si no era posible que todos quedaran a la misma distancia del panel. Que formaran una misma línea, que no hubiera primeros ni últimos. Los niños se organizaron en un santiamén y pronto quedó establecida la igualdad en el espacio de todos ante el acto de aprender. Pero la andereño hizo algo más, les explicó que junto al fuego, la costumbre de los vascos era abrir tanto el semicírculo como para que sólo hubiera una fila. Si la familia era numerosa más lejos quedaban del fuego pero todos recibían el mismo calor, nadie era superior a nadie a la hora de ser de la familia. "Y así" –añadió- "cada uno sentía la misma consideración  del espíritu familiar que su hermano".

La jerarquía discrimina, la confrontación crea ganadores y perdedores, poderosos y dependientes. Pero no podemos contentarnos con la crítica ni con la mera condena. Las fallas de los demás no justifican nuestra conducta pasiva, ni nos libera de nuestra responsabilidad.

El cooperativismo no puede aceptar dos líneas, una para los hombres delante y otra para las mujeres detrás. Ni puede hacer dos grupos diferentes a la hora de presentarse ante la vida y el mundo. Como la andereño de la historia niños y niñas comparten la misma distancia del derecho a mirar y juzgar el panel de la historia y ,como ya sabemos, cada cual aprenderá en la medida de sus intereses y capacidades, unos más, otros menos; unos mucho, otros, tal vez, nada. Pero nadie deberá sentir la discriminación de ser "los de detrás".

En la cooperación reconocemos las diferencias pero no aceptamos las discriminaciones. Mujeres y Hombres; Altos y Bajos; Rubios y Morenos; Guapos y Feos, son accidentes genéticos que no afectan en nada a la dignidad del ser humano. Tal vez sea hora de fijar parámetros medibles para saber si la dignidad humana es respetada en nuestras empresas cooperativas. ¿Se te ocurren "metros" que faciliten la evaluación?¿Tienes datos que nos permitan tomar medidas de mejora?   

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