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Alamitou, la niña que quiere estudiar: Un corto de una ONG donostiarra recoge la historia de una menor etíope «entre la esperanza en el futuro y la frustración del presente» (en DV)

08/03/2008
Ane Urdangarin/Donostia-San Sebastián. Alamitou tiene 13 años. Es buena estudiante y le gusta ir al colegio, pero muchos días no le dejan. Antes debe ir a por agua, lo que en la Etiopía rural supone caminar varias horas, hacer las tareas del hogar y cuidar del ganado. A pesar de ser una niña, tiene que trabajar, una obligación impuesta por su propia madre, que no concede demasiada importancia a la escolarización. Alamitou representa a las adolescentes de África, donde las desigualdades entre hombres y mujeres son aún abismales y están abocadas a una vida lejos de los libros. Alamitou «vive entre la frustración del presente y la esperanza en el futuro», un estado que queda reflejado en un documental que se presentó ayer en San Sebastián.

Promovido por Haurralde Fundazioa --Fundación Vasca de Cooperación y Desarrollo--, y realizado por Moriarti Producciones, responsables de la aplaudida Lucio, no ha sido casual el día escogido para que este corto vea la luz. El Día Internacional de la Mujer se antoja como la fecha idónea para difundir la vida de una niña anónima, reflejo de otras tantas, que nunca ha visto un televisor y, mucho menos, una cámara como la que le estuvo enfocando durante dos semanas a finales del año pasado.

Rodaje en Fiche

Alamitou, que es como se llama el documental, está dirigida por Jon Garaño. Javi Agirre (director de foto), Iñaki Díez (sonido) y Arantxa Santos (miembro de Haurralde que realizó labores de producción) completan el equipo que se desplazó a África. Viajaron con una idea clara. «Queríamos contar la historia de una niña de Etiopía», explica Garaño. Y dieron con ella a través de la oenegé Egldam, que les puso en contacto con la Oficina de Atención de la Mujer. Así acabaron en Fiche, una localidad situada a un centenar de kilómetros de Adis Abeba. Les presentaron a Alamitou, «y vimos que tenía lo que queríamos que tuviese». ¿Y qué tiene esta chica? «Mucho carácter. Es inconformista. Vive una situación que considera injusta y se rebela», explica el director de la cinta, quien recuerda con agrado los días de rodaje, que discurrieron a un ritmo muy diferente a las grabaciones habituales.

Durante los diez minutos que dura el documental, que tiene un ritmo pausado y en el que no hay narrador ni voz en off, queda patente la tirantez entre Alamitou y su madre, una mujer a la que le correspondería tener entre 30 y 40 años pero que por su castigado físico aparenta muchos más. «Su madre considera que la educación no es importante. Alamitou le dice continuamente que es una injusticia que no pueda ir a clase», cuenta Garaño. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la inversión por alumno en primaria y secundaria en nuestro entorno es de 4.200 euros. En África, esa media baja unos 30 euros.

El caso de esta niña es excepcional, porque su madre enviudó y sólo tiene una hermana pequeña. «Normalmente las familias son más numerosas, pero es cierto que allí el concepto de familia es distinto, se refiere más a la comunidad». Y en esa comunidad hay muchísimas niñas que no van a clase «y las que no son buenas estudiantes lo dejan. Con 13 años ya se ven más niños que niñas». La mujer va perdiendo posiciones, «y tiene que hacer muchísimo más trabajo para conseguir lo que logran los hombres. Y eso va empeorando --explica Garaño-- porque Alamitou tiene 13 años y es probable que pronto le obliguen a casarse».
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Una realidad que dificulta la entrada de estas mujeres en la vida pública, «lo que ha constituido uno de los factores fundamentales del cambio social de los últimos años». A pesar del trabajo hecho por las mujeres africanas más comprometidas por mejorar el día a día de sus compatriotas, «la situación respecto a los Derechos Humanos es todavía muy diferente entre las féminas de los países ricos y de los más empobrecidos», recalca Patricia Ponce, directora de Haurralde Fundazioa y promotora del corto.

Preferencia por el varón

Las barreras educativas en el África subsahariana son innegables. «Porque no es totalmente gratuita y se necesita calzado, material escolar... Eso hace que las familias no puedan llevar a sus hijas a la escuela». Los varones tienen preferencia. «Ellos tienen más posibilidades. Además, las niñas tienen el riesgo de ser violadas camino a la escuela, que en general queda a varios kilómetros, o en las propias escuelas, y esto hace que las familias sean reticentes a la hora de alfabetizar a sus hijas», explica Ponce, quien cuenta espeluznantes casos «de raptos de niñas de 8 a 10 años para casarlas con hombres mayores. En las poblaciones rurales de Etiopía es una práctica común». Los gobiernos también suponen un freno, lamenta Ponce: «La deuda externa se lleva la mayor inversión o no interesa que existan planes educativos de calidad para las mujeres».

(publicado el 08-03-2008 en El Diario Vasco)
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