Artículo de Iñaki Ibarra, Director de la Promoción de la Innovación de la Diputación foral de Gipuzkoa

Iñaki Ibarra

Iñaki Ibarra

La crisis económica vuelve a poner sobre la mesa el sempiterno dilema entre compaginar la urgencia del corto plazo con los proyectos a medio y largo plazo. La respuesta al dilema se vuelve más crítica para instituciones como la Diputación Foral de Gipuzkoa en épocas como la actual en la que, con niveles de ingresos del año 2004, deben atenderse de modo inmediato situaciones dramáticas, que afectan a muchas familias del Territorio, pero sin descuidar sentar las bases que permitan a nuestras empresas estar en primera línea a la salida de la crisis.

 En los albores de la crisis, Gipuzkoa y el conjunto del País Vasco ocupan a finales del 2008 una situación privilegiada en el pelotón de cabeza de la Unión Europea en términos del PIB per cápita, cuando hace 20 años en la anterior crisis nos encontrábamos en el furgón de cola de las Europa de los 15.

 El espectacular avance conseguido se debe, en gran medida al extraordinario desarrollo experimentado por nuestra industria, cuyas bases y ejes directores se establecieron durante las crisis de inicios de los 90, y que se ha materializado en unas empresas vascas altamente competitivas en los sectores industriales tradicionales, consiguiendo incrementos de cuotas de mercado a costa de nuestros competidores europeos.

 La clave estuvo en la apuesta por alcanzar la competitividad por costes, ofreciendo niveles adecuados de calidad y servicio. El esfuerzo de la 1ª Transformación de la Industria Vasca se cerró con éxito y el País Vasco en su conjunto y Gipuzkoa en particular son considerados como un ‘buen taller, muy eficiente’.

 No obstante, -siempre hay un ‘pero’- ya en tiempos previos a la crisis, éramos conscientes de que el recorrido del avance por esta vía de la reducción de costes era cada vez más exiguo, además los países emergentes no sólo Sudamérica o Asia, sino también del Este Europeo o del Magreb, nos acechaban erosionando de modo progresivo nuestra posición competitiva. En esta tesitura la Diputación de Gipuzkoa estableció su apuesta por el mantenimiento y, si es posible, aumento de la aportación del sector industrial al PIB del Territorio y en ello estábamos cuando llegó la crisis.

 No es objeto de enumerar en este artículo, -ya lo han realizado el Diputado General y los departamentos correspondientes-, las medidas de apoyo a las personas y colectivos más afectados por la crisis. Sí quisiéramos, en cambio, exponer las medidas que desde el Departamento de Innovación y Sociedad del Conocimiento consideramos que contribuyen a mejorar de modo radical la competitividad de nuestras empresas industriales. Son actuaciones que suponen la transformación del modelo de empresa.

 Como premisa de partida pensamos que debemos construir fundamentalmente sobre lo que ya tenemos y sabemos, será necesario abordar nuevos sectores (biosanitario, energético) pero el soporte fundamental lo constituirán nuestras tecnologías y sectores tradicionales.

 Manifestar que la economía mundial se encuentra globalizada es ya un tópico (y el desencadenamiento de la actual crisis se habrá encargado de descubrírselo a quienes no lo supiesen todavía). Pero es un tópico que responde a una realidad que nuestras empresas deben interiorizar. No se trata ya de realizar las tradicionales actividades de internacionalización (que dicho sea de paso seguirán siendo necesarias). Se trata ahora de analizar el negocio desde una perspectiva global, tanto en su sentido geográfico como en el del conjunto de la cadena de valor, en el que la empresa en cuestión participe.

 Dado nuestro tamaño y previsible evolución demográfica; nuestra posición geográfica y exiguos recursos naturales y nuestro grado de desarrollo, tendremos que establecer las cadenas de valor en las que podamos ser jugadores de primer nivel en el mundo globalizado, identificar los eslabones críticos, más significativos de la cadena de valor y luchar por alcanzar los dominios tecnológicos que permitan el control de los mismos.

 La opinión generalizada en el mundo de la gestión que nosotros compartimos, es que en la mayor parte de los casos el eslabón crítico descansará sobre la capacidad de diseñar y ofertar soluciones a los clientes. Debemos pasar del “made in Basque Country” al “Pensado y Diseñado en Euskadi”, lo que supondrá que el peso de la manufactura como tal, el porcentaje de personas trabajando en fabricación, disminuirá frente a quienes se dediquen a actividades de Investigación y Desarrollo, de Ingeniería, de Servicios de Asistencia Técnica,… lo que, dicho sea de paso, supone generar puestos de trabajo de superior calidad, demandadores de mayor formación, demanda que habremos de saber transmitir a nuestros jóvenes.

 Ello no quiere decir que las empresas vascas deban abandonar los procesos de  fabricación. ¡Antes al contrario!. La cuestión estriba en llevar a cabo la transformación del negocio, partiendo de lo que ya se sabe, manteniendo el poder de decisión en el País, generando las capacidades necesarias para el control de los eslabones críticos, mientras se aborda el proceso de internacionalización adecuado y, al tiempo que se capea la crisis. Titánica tarea, más aún para las PYMES, que constituyen un elevado porcentaje de nuestras empresas industriales, pero a la que desde el Departamento de Innovación y Sociedad del Conocimiento se piensa seguir impulsando y apoyando.

 No serán las actividades de internacionalización las únicas a abordar para garantizar la competitividad. Desde el Departamento continuaremos apoyando la I+D de nuestras empresas, la innovación en sentido amplio, especialmente en lo relativo a la innovación, apoyándose en los TICs del modelo de negocios, y de modo especial la participación de las personas en los proyectos empresariales.

 Las actividades de internacionalización, cualesquiera que sean, (comerciales, compras, fabricación), constituirán (más allá de los inevitables ‘fracasos’, que incluso no serán por el mero hecho de haberlo intentado) uno de los principales mecanismos de competitividad y, por lo tanto, de desarrollo de nuestras empresas y generación de puestos de trabajo de superior calidad en el Territorio, por paradójico que en primera instancia pueda suponer. Lograremos así una mayor riqueza que podrá sentar las bases de la Gipuzkoa del Bienestar, principal objetivo de esta Diputación Foral.

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