Un mito en la bruma (Getaria)

Un mito en la bruma (Getaria)

Cuenta una leyenda que en Getaria vivía un joven pescador de robusta belleza e ilimitada bondad llamado Queta, cuyo corazón disputaban dos fogosas damas, las señoras de Itegui y Alsacarte. El garzón, halagado pero vencido por su natural timidez, apenas respondía a las lisonjas de una u otra, lo que sembró el desconcierto primero y despertó las iras después de las pretendientes, que terminaron por acusarse mutuamente del fracaso de su común empresa amatoria. Esto duró hasta una tarde en que Queta, de paseo por una llanada de la ladera de Golindo -la hoy denominada Palestra de las Damas-, encontró a las dos mujeres batiéndose cruelmente a golpes y zaleos, rabiosas y frustradas como sólo los amantes sin correspondencia llegan a envilecerse.

El bueno de Queta, horrorizado en su sensibilidad y confundido el entendimiento, no pudo soportar la culpa de tan violenta discordia y pidió a los cielos que lo convirtieran en piedra. Su rogativa fue atendida, y en ese mismo instante emergió de las entrañas del mar una isla arenisca de imponente cuerpo alomado semejante a un ratón gacho, cerrando la ensenada de Getaria: este es el origen del monte San Antón.

Demudadas de vergüenza y, a desesperadas sabiendas de que el objeto de sus desvelos había escapado de la condición humana para convertirse en parte física del paisaje getariarra hasta el fin de los tiempos, las galantes Itegui y Alsacarte imploraron entre gritos y lágrimas sufrir la misma suerte: escuchadas por las potentes deíficas, hoy descansan como brazos de piedra en las denominadas Punta Altzokoarri y Punta Iteko, próximas pero distantes y con la mirada eternamente puesta en el amado Queta.


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